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Falsos mitos en torno a la figura del samurái (III): la lealtad

En este artículo, analizaremos el último mito forjado en torno a la figura del samurái, y es precisamente el aspecto más definitorio del samurái: su lealtad.

La palabra samurái significa “aquel que sirve”, proveniente del verbo en japonés antiguo saburau, que sigifica “servir”. Los samurái, como casta guerrera, se dedican a servir a su señor feudal, o daimyo, al que prometen lealtad y fidelidad hasta la muerte. Es un intercambio muy similar al vínculo feudovasallático que encontramos en Europa: el vasallo ofrece al señor feudal apoyo militar, lealtad y consejo cuando lo precise, y a cambio el señor concede sustento al vasallo (generalmente, en forma de tierras y rentas). Pero quizá, el caso del samurái sea aún más radical que el caso de su homólogo europeo, puesto que, según el bushido, o código del samurái, la lealtad es el valor principal del samurái, hasta el punto de que su vida no le pertenece, y su señor puede disponer de ella como le plazca, hasta el punto de tener que suicidarse si el señor así se lo solicita.

Por tanto, un samurái ejemplar daría la vida antes que traicionar o defraudar a su señor, y nunca levantaría la mano en contra de quien ha jurado defender.

Solo que esto no es siempre así.

Una de las normas que tenían los daimyos en todos sus castillos era la prohibición de desenvainar sus armas en presencia del daimyo, aunque no esté dirigida al daimyo mismo. La pena por este crimen era la pérdida del estatus de samurái y la pérdida de todas sus posesiones, pena conmutable por cometer seppuku para limpiar la falta de samurái. Puesto que es previsible que todos eligieran la muerte antes que condenar a toda su familia a una eternidad de vergüenza y mendicidad, podemos considerar esta pena como una condena a muerte, pero debemos preguntarnos por qué un castigo tan terrible pero el mero acto de desenvainar la espada en presencia de su señor. Podemos entenderlo si se intenta atacar al señor, pero una prohibición tan estricta de desenvainar el acero implica un gran miedo por parte del daimyo a ser atacado en su casa, pero ¿por qué ese miedo de un vasallo que ha jurado fidelidad eterna? Está claro que hay dudas sobre la lealtad de sus súbditos.

Un samurái a punto de cometer seppuku

También podemos mencionar la costumbre de los ronin, los samurái sin señor, de acudir al castillo de un daimyo a pedir permiso para cometer seppuku en su corte, pues su vida carecía de sentido al haber perdido un señor al que servir. Este comportamiento, por sí solo, no tiene nada de malo, si no fuera por el hecho de que, al parecer, algunos de estos ronin realizaban esta solicitud con la intención de que el daimyo en cuestión se apiadase de ellos y le ofreciese una suma de dinero o pasar a servirle a él. El hecho de que un samurái pidiese a su señor permiso para cometer seppuku sin tener verdadera intención de hacerlo no era algo impensable, y estaba establecido que el señor podía ofrecer una espada de madera a su vasallo si pensase que no tenía verdadera intención de cumplir con el suicidio ritual.

El incidente de Honnō-ji

Año 1582. La falta de autoridad del shogunato Ashikaga provoca una época de guerras intestinas conocidas como Sengoku Jidai, en la que los distintos daimyos se independizan y luchan entre sí por el poder. En esta época, destaca la figura de Oda Nobunaga, daimyo de Owari y primer unificador de Japón. Nobunaga se ha convertido en el hombre más poderoso de Japón gracias a una serie de importantes victorias militares, y aspira a convertirse en shogun de todo Japón. Con sus enemigos debilitados, envía a sus generales a conquistar más territorios. De todos ellos, el general Mitsuhide Akechi, vasallo de Nobunaga, es enviado a apoyar a Hideyoshi Toyotomi en el asedio de Takamatsu, mientras el daimyo se retira a descansar en el santuario de Honnō-ji.

En ese momento, el samurái Akechi, muy lealmente, se da la vuelta y ordena a sus tropas atacar el templo. Los escasos guardaespaldas y sirvientes de Oda Nobunaga son incapaces de repeler a las tropas de Akechi. Mientras el templo ardía, Akechi obligó a Nobunaga a cometer seppuku. Poco después, Akechi ataca el Castillo Nijō, donde se encontraba el hijo mayor de Nobunaga, Nobutada, y también le obliga a cometer seppuku. A continuación, escribió a la corte imperial para demandar que se le nombrase daimyo de los territorios del clan Oda.

Nada más que añadir.

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Representación del incidente de Honnō-ji

La rebelión Satsuma

La rebelión Satsuma tuvo lugar en el año 1877, y aparece reflejada ligeramente en la película de 2003 El último samurái. En el film, la causa de la rebelión es la corrupción del nuevo gobierno japonés, y con ella esperan salvar al emperador de quienes solo buscan el beneficio personal por encima del país.

En realidad, la rebelión Satsuma se debió al descontento de muchos exsamuráis de haber perdido su rango de clase privilegiada con la modernización del país y la adopción de la nueva sociedad de clases. Los mismos samuráis que habían servido al emperador durante la guerra Boshin se rebelaron contra él cuando vieron desaparecer sus privilegios sociales. La derrota de los rebeldes supondría la desaparición de la casta samurái.

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Saigo Takamori, líder de la rebelión Satsuma, rodeado de sus oficiales.

Con esto acabamos nuestra serie sobre los mitos en torno a la figura del samurái. Espero que hayáis disfrutado leyendo los artículos tanto como nosotros escribiéndolos.

Redactor: Jesús Sahuquillo Olivares.

Bibliografía:

IZUKA, Kunio y SINCLAIRE, Clive. Samurai: The Weapons and Spirit of the Japanese Warrior, 2001.

LÓPEZ-VERA, Jonathan. Historias de samuráis, Satori Ediciones, 2016.

MIYAMOTO, Musashi. El Libro de los cinco anillos. Consultado en http://www.oshogulaab.com/ZEN/TEXTOS/Libro_Cinco_Anillos.pdf

YAMAMOTO, Tsunetomo. Hagakure, el Camino del Samurái. Isliada Editores. 1979.

DOCUMENTAL Samuráis, cazadores de cabezas. Odisea.

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